La Fe en tiempos de coronavirus

COLUMNISTA INVITADO PBRO. DR. GABRIEL GONZÁLEZ MERLANO

Parafraseando el título de la novela de Gabriel García Márquez El amor en tiempos de cólera, nosotros estamos viviendo la fe en tiempos de coronavirus; pero esto no es literatura, es realidad. Una realidad dura para todos, que también desafía a los cristianos. A menos de ser esquizofrénicos, la condición de ciudadanos no se puede separar de la condición de cristianos, es más, no se puede ser buen cristiano si no se es buen ciudadano. Esta es una de las grandes enseñanzas que nos legaron los padres de nuestra Iglesia uruguaya, entre otros Mons. Dámaso A. Larrañaga y Mons. Jacinto Vera, eximios patriotas a la vez que indoblegables defensores de la fe y los derechos de la Iglesia. Estamos atravesando una emergencia sanitaria y con ella la exigencia de responder una vez más como ciudadanos y creyentes. En este sentido, tanto las recomendaciones del ámbito civil como los documentos de la Iglesia uruguaya coinciden en la necesidad de la protección del bien jurídico supremo que no es otro que el don más grande que Dios ha dado a los hombres, la vida. Cuando esta está amenazada todo se relativiza, por tanto, es necesario rechazar los argumentos que a veces se esgrimen incluso desde el mismo interior de la Iglesia. Cuando las condiciones de vida son las normales podemos defender nuestras libertades individuales y colectivas, pero cuando está en juego un fin prevalente de la comunidad nacional, como es la protección de la salud pública, los derechos y libertades más fundamentales se tornan relativos ante la necesidad de proteger el bien común. No existen argumentos jurídicos ni teológicos para no acogernos a estas recomendaciones que se vuelven vinculantes y que nos exigen aislarnos físicamente (no socialmente), para protegernos y proteger a los demás de la mejor forma. En ésta línea, lo que manda la Iglesia Católica uruguaya, como también sucede en otros países, e incluso en el mismo Vaticano, es no alentar, tanto activa como pasivamente, la concurrencia de fieles a los oficios religiosos. Estos deberán desarrollarse estrictamente sin asistencia de fieles, por lo que el simple hecho de dejar abiertas las puertas del templo, por si alguien quiere entrar a participar de las funciones eclesiales, es un acto de irresponsabilidad civil y una falta moral grave. Dijimos que no hay argumentos jurídicos en contra, cuando el bien supremo de la vida está en riesgo, y tampoco hay razones teológicas, pues el Santo Sacrificio de la Misa, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, se continúa realizando. Cristo se sigue ofreciendo en la cruz para la redención del mundo y a través del sacerdote une consigo a su Iglesia, como ofrenda agradable al Padre en un mismo Espíritu, para la salvación de vivos y difuntos. Este sacrificio se realiza con o sin asistencia del pueblo, por tanto, lo que se le pide a los fieles es que se unan espiritualmente, no sacramentalmente, y que sigan ofreciendo a Cristo a través de los sacerdotes, y se ofrezcan a sí mismos junto con Cristo al Padre. En estos días, los creyentes, valorando más que nunca la Eucaristía y el Sacerdocio, deberán ofrecer a Cristo de otro modo, sin desobedecer lo que pide la Iglesia, que como Madre no tiene otro fin que el de brindarle lo mejor a sus hijos. Estamos viviendo en nuestro país y en el mundo un tiempo de cuarentena, que coincide con el tiempo que como cristianos estamos transitando en la Cuaresma. Todo un desafío y una oportunidad para mostrar nuestro amor a Dios y al prójimo, aceptando con serenidad, confianza y esperanza cristiana las recomendaciones de uno y otro lado, ante las contingencias humanas que se nos presentan y que Dios permite. Pbro. Dr. Gabriel González Merlano .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *