Milba Perdomo: Tarde de niñez

Aquella tarde dorada de abril, una semana de descanso. Me tomé de su mano llena de grietas, sabia mano de mi abuelo indio que me llevó lejos. Juntos recorrimos el campo, lleno de pájaros, árboles, flores cuyos nombres él me iba enseñando. Aprendí las historias de aquel arroyito donde las mojarritas brillaban entre la correntada y nuestros pies se hundían entre la arena y el agua cristalina. El tiempo no importaba: yo llevaba una bolsa llena de refuerzos y jugos de frutas, preparada por mi abuela. -Vamos a buscar los yuyos para cuando aparecen los dolores después que comes; son muy buenos- decía el abuelo-. Yo entiendo de ellos y hoy es un día especial, Viernes Santo, de la semana de leyendas, de historias sagradas, de religión. -Pero, abuelo ¿por qué es el día de juntar estos yuyos? -Porque la leyenda que me trasmitieron mis antepasados dice que si los recogés este día, estarán con bendición y serán más ricas y sanarán más pronto. Pero hay que ver que sean de estos que yo tengo aquí. Miré con mucha atención; mis azules ojitos brillaban de emoción e iba guardando los ramos con mucho cuidado. Aquel aroma silvestre se impregnó en mis manitos. Sus nombres jamás se me olvidaron y tampoco su perfume. Los pájaros cantaban y yo gritaba «Buenas tardes» para que el campo me devolviera el saludo con el eco. Mi abuelo era el maestro. Aprendí de él en una niñez sana, pura, fresca, llena de cuentos e historias. Hoy, al abrir la ventana, el fresco perfume de la marcela me invade y regresa la niña que fui, con los pensamientos sencillos y buenos de aquel tiempo. El recuerdo de una infancia feliz se vuelve lágrimas de emoción, evocando los días felices y sin recordar los de dolor. Sí que se puede. Hay miles de ellos. El tiempo es otro, pero ese día no se me olvidará jamás. Ahora estoy tomando un té, con aquel yuyo del que mi abuelo me dijo: «Miralo bien, tiene que ser este y será bueno». Es verdad. ¡Qué aroma tiene mi casa que sale de la humeante taza! Sale por la ventana para reencontrarse con la niña caminando con su mano apretadita a la mano de su abuelo. ¡Feliz tarde de Semana santa! ¡Feliz tarde con mi abuelo indio! Hoy te veré junto a mi estrella favorita, entre sabores y aromas de un viernes, tu viernes de bendición, entre un jardín de aromáticas hierbas medicinales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: