Sobre lo acontecido con Robert Silva

Trabajo en la docencia como profesor y tallerista de música en escuelas, colegios y liceos, hace más de 25 años y creo conocer el funcionamiento interno de los temas educativos bastante bien.

Tengo hijos maestras y docentes además, con los que intercambiamos opiniones constantemente y porque no decirlo me ayudan a actualizarme y porque no “reconstruirme”

Claro que hay gente mucho mejor preparada para organizar y analizar este tema, yo sólo soy un trabajador más que ha visto y conoce virtudes y defectos del sistema educativo.

Hace muchos años escucho y veo los distintos reclamos por parte de docentes y maestros y que comparto plenamente.

Que los programas están obsoletos, que no se puede educar a los futuros adultos del siglo XXI, con los criterios del siglo XX, que educar a los niños de hoy, que vienen de la casa con un déficit de valores y exacerbación de sensibilidades, esto porque la primera educación comienza en la casa y quienes trabajamos en este ámbito conocemos las deficiencias con las que llegan al aula, los terribles problemas familiares, de hogares tradicionales o monoparentales, con múltiples necesidades, de niños criados por abuelos o tíos, por diferentes motivos, como por ejemplo, padres y madres privados de libertad, la superpoblación de alumnos en aulas que no parecen reunir las condiciones necesarias de salubridad, la inclusión de niños con capacidades diferentes que no garantiza que todos tengan la atención especializada que merecen.

En fin la lista es larga y dolorosa.

Los maestros , esos docentes que ejercen esta hermosa labor de formación, que trabajan en la escuela en las mañanas o en las tardes y también en la casa, hasta altas horas de la noche, restándole tiempo al sueño, a su propia familia, planificando la mejor forma de enseñar y educar a sus pequeños educandos, debo decir , son mis héroes.

Esos si, y conozco muchísima gente que son o deberían ser el orgullo de una sociedad que no los valora lo que debería y en algunos casos hasta los desprecia y carga sobre ellos, las responsabilidades de todos los males, pero no se hace cargo de lo que les compete como padres, porque los niños reaccionan y actúan de acuerdo a lo que viven en sus hogares y los ejemplos que se les dan.

Hay niños que actúan abusivamente y violentamente porque viven el abuso y la violencia.

Tengo miles de ejemplos, recuerdo un niño que lo primero que hizo en un colegio fue enseñarles a los compañeritos el como hacer un “corte carcelario” con un resto de metal y una piedra.

El padre se lo enseñó para que aprenda a defenderse. Para que agregar más.

Ahora, lo que vi y sucedió en el Cerro con Robert Silva, definitivamente es una locura y pinta a las claras como funciona un grupo de peligrosos inadaptados.

Esos no son docentes, son agitadores.

No representan a los maestros, muchas las conozco y si no fuera así, basta leer su posición ante los lamentables hechos, en las páginas de grupos docentes donde plantean clara y rotundamente, que esa gente no los representa.

Son violentos organizados, manijeros, ordinarios y en la mayoría, no son docentes y lo peor, pueden ser los padres de algún niño que está en las aulas y hoy saben que sus padres actúan con brutal violencia, que salen en la tele, son famosos, cosa que los hace admirables a sus ojos y no pasa nada con la justicia.

Que hay muchas cosas para mejorar, no hay duda, que se impone una reforma educativa adaptada a los nuevos tiempos y necesidades, también, que se está trabajando para ello, es evidente.

Pero también es evidente que unos pocos violentos, sin la actuación de la justicia que los limíte, pueden hacer muchísimo daño a toda la sociedad y por mucho tiempo.

Los niños pudieron ver como en un reclamo, se puede destruir y golpear cosas, desde una camioneta a lanzar piedras o insultar soezmente.

Los niños aprenden lo que ven y viven.

Y esos violentos no son docentes ni nos representan a la mayoría.

A los responsables de los desmanes, háganse cargo y a la justicia, actúe.
RFM

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