Escritores Floridenses: «Cupido» – Martha Óguez

Sí que les pegó fuerte. Su flecha estaba muy decidida. Su propósito fue firme: se amarán para siempre. Flecha de oro, sin duda.
¡Dos personas tan diferentes! Una joven todavía antes de los veinte y un hombre cerca de los treinta. Con hogares diferentes en lugares distintos. Campo y ciudad.
Se conocían desde la escuela. La madre de ella era la maestra. Él terminaba los años de alumno y ella comenzaba con las infinitas preguntas e intentaba aprender a leer y escribir.
Ella vivía en la escuela con sus padres y allí comenzaron la relación.
Él tuvo el trabajo de cuidarla mientras la llevaba a su casa algún fin de semana. “Siempre tengo que cargar con la hija de la maestra”. ¡No tenía más remedio el pobre!
Subían al tren y, si ella no se portaba bien, le tiraba de los rulos.
El tiempo pasó y la familia de ella se mudó a Montevideo. Su padre era albañil e hizo una casa en Malvín, en la calle Michigan, donde vivieron.
La amistad entre sus familias continuó y viajaban a visitarse. Unos a Malvín, los otros a los Molles, en el departamento de Florida.
Pasaron los años, festejaron los quince años de ella y empezó todo.
Cupido se encargó. La flecha hizo su trabajo y ellos se enamoraron.
Pasaron cuatro años y se casaron.
Una maestra y un ferroviario que formaron su hogar en Florida.
Cuatro hijos, fruto de su amor.
Se amaron toda una vida y, de pronto, se encontraron cumpliendo sesenta años de casados.
Un amor eterno que estará siempre agradecido a Cupido.

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