¡Sí, señor, que las hay, las hay!
Esta historia se desarrolla en un establecimiento lechero, en costas del Santa Lucía Chico. Épocas en que era común ver llegar linyeras a los tambos, en busca de alguna changa o simplemente por un plato de comida y un lugar donde hacer noche.
El dueño de casa, don Pedro Ruiz, pasaba por esos días una situación muy penosa, su esposa, doña María Gómez, se encontraba desde hacía tiempo muy enferma y los médicos ya no podían hacer nada más por ella.
Anochecía, cuando un hombre llega a la casa y queda observando por largo rato. Desde adentro don Pedro alcanza a verlo y se apresura a salir presintiendo que es un linyera…
-¿Qué busca? Trabajo no hay. Vaya con los demás, coma algo, duerma y mañana temprano se manda mudar.
-Disculpe, señor, usted perdone, pero yo le pido, por favor, me deje ver a su señora desde la puerta nomás. Está muy enferma.
Don Pedro, sorprendido y confundido, le hace una seña de que se asome al cuarto de la enferma. La observa por largo rato y comenta en voz baja…
-Ya es muy tarde, señor, pero cuando su señora fallezca revise el colchón de su cama… Una pena no verla antes
Don Pedro, enfurecido por lo que el hombre le ha dicho, ordena:
-Mándese mudar de aquí, coma algo y váyase.
A la mañana siguiente la señora muere.
Una vieja empleada que la conocía desde niña había escuchado al linyera y, por supuesto, creía en brujerías. Muy cautelosa espera a que pasara todo y un día con el pretexto de ventilar esa pieza, comienza a romper el colchón. Iba sacando con cuidado la lana y palpando para sentir si había algo anormal, cuando se pincha la mano con algo. Primero queda helada por el miedo, pero sigue adelante y, muy despacio, va sacando algo de tela negra que parecía una muñeca rellena de pelo y cubierta de alfileres. Fue tan grande el susto que no se da cuenta que en ese momento don Pedro entraba en la habitación…
-¿Qué es eso, Pancha? ¿Qué está haciendo con el colchón?
Doña Pancha está tan aterrada que solo atina a entregarle a don Pedro lo que había encontrado.
Al ver aquello don Pedro recuerda al linyera… Se deja caer en un sillón al lado de la cama con la muñeca en las manos sin entender nada, y en voz tan baja que casi no se oía, le dice a la empleada.
-Déjeme solo, Pancha; y cuando salga, cierre la puerta….
Escritores Floridenses: «La muñeca de trapo» – Fanny Folgar
