Escritores Floridenses: «Puntadas» – Ana Ríos

Para Elsa
Cuando la niña volvía del colegio la recibían tres o cuatro amigos sin cara y muy quietos que lucían los trajes que hacía su papá. Y se iba navegando sobre un río de percalinas y tartán.
Su canoa era un dedal y sus remos las agujas que cosían esperando la señal que unas tijeras gigantes y afiladas croaban al caminar. Y corte, corte por aquí y corte por acá y marque y pegue con hilván.
Un día ese mágico paseo terminó y la señorita descubrió un mundo en donde todo era porcelana, puntilla, bordado y almidón y sentada en el sillón de terciopelo aburrida entre tantos puntos de silencio: punto atrás, punto cruz, punto cordón. Esperaba el momento en que la luz del sol bajara y guardaba en un canasto las flores cisnadas que bordaría en colores matizados el jueves siguiente con punto fantasía.
Y su mundo se dormía pensando en él y en el blanco granité para el mantel deshilado que esperaba el dibujo agujereado del tierno y delicado filtiré.

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