“La democracia se está encogiendo”

Por Esequiel Ibarra (“el expulsado”)

Sobre el Gral. Romano Cayo Julio César, Shakespeare escribió en 1599 una parte de obra con su nombre. Allí, uno de los conspiradores, Casio, le dice a Bruto:
“La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos.”
En estos tiempos, esa frase debería resonar con fuerza dentro del Partido Colorado. La caída libre de nuestra colectividad no se debe al azar ni al destino: la responsabilidad es nuestra. No estamos logrando transmitir que esta divisa puede volver a ser el estandarte de los más débiles.
Nos convertimos en marionetas de una dirigencia que opera desde Montevideo. Una dirigencia que, cada cuatro años, baja al interior como si descendiera de una estrella. El país es más grande que la capital. Pero para muchos, el único interior que importa es Punta del Este, destino predilecto de los poderosos. Son pocos los que se comen un asado con los peones, que se fuman un tabaco o se sientan en una silla vieja a tomar mate. Se ha perdido la política de verdad: la del encuentro y el respeto y ha sido sustituida por la del marketing y la capacidad económica.
El político debería ser el puente entre la gente y las leyes. Pero la política se ha mercantilizado. Y no pasa solo en nuestro partido. Hoy, para hacer política, se necesita dinero: para tener prensa, para moverse, para estar. Se necesita tiempo, algo que no abunda si uno tiene un trabajo real. Por eso, la política quedó restringida a quienes tienen estructura o recursos. Quienes no los tienen, sólo logran que se escuche su voz si dicen algo radical o impactante.
Los que intentamos colarnos con ideas propias somos incómodos. El sistema nos digiere a medias y luego nos escupe. Si sos etiquetado como “segunda línea” y no rendís pleitesía, tarde o temprano te sacrifican.
Esto no es queja: es advertencia. Porque si no reconocemos este problema, lo van a aprovechar los outsiders. Los que tienen ideas duras, algo de dinero, y ningún respeto por la democracia. Esos ya están ganando escaños en cada elección. Si seguimos ignorando las fallas estructurales del sistema político, vamos a terminar viendo cómo la democracia se vacía por dentro.
¿Y qué es hoy la democracia? Es poder decir que un presidente es inepto sin ir preso. Es poder opinar que un político es mala gente sin desaparecer. Es decirle al vecino de qué color político somos sin ser perseguidos. Pero eso no alcanza.
Eso es una democracia formal. Lo que falta es una democracia estructural, una en la que todas las voces tengan verdaderamente lugar. Hoy, eso está lejos. Sobre todo en el interior, donde las miserias políticas crecen como sombra. Donde los medios de prensa son (en algunos casos, no todos) serviles al mejor postor. Donde lo único casi gratuito es expresarse en redes sociales. La política ha cambiado. Y la democracia también. Y no nos dimos cuenta.
Tenemos que cuidar lo que tenemos. No se trata solo de defender las formas. Hay que solucionar el fondo.
El Partido Colorado está al borde de la extinción porque lo están llevando ahí. Pero aún es posible salvar al sistema político.
Y como escribió Shakespeare en 1599, en la tragedia de Julio César:

“La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos.”
Si no hacemos algo ahora para cuidar la democracia, no será culpa del destino. Será culpa nuestra.
Esequiel Ibarra “el expulsado”

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