En los pagos de Cardal, puede ser que un cuarto de siglo atrás, un día húmedo y sin sol como el de hoy, arrancaban de su trono para no retornar, a Juancito, el árabe, para sus amigos; Isaac Juan Khury para quienes leyeron sus tratados filosóficos o sus obras autobiográficas, o el turco Kury para los detractores que nunca faltan, confundiendo nacionalidad (Total: sirio, libanés o turco, ¿qué más da?)
Conociéndolo como le conocíamos nosotros, la barra estrecha que le frecuentó, de sobra sabíamos que era su partida definitiva. Ya no gastaría más su vereda andándola de uno a otro extremo. El Juan que habíamos elegido se había ido de viaje hacia donde no habría de retornar.
En una casa de ancianos de San José donde vivían sus parientes, no supieron entenderlo. Se había tornado agresivo, dijeron … ¿Quién no cuando percibe que jamás volverá?
Al día de hoy, en un frío nicho del segundo piso del cementerio de Libertad, junto aotros familiares está Isaac. H. El Khoury, con su nombre natal. Ya para siempre habrá caído su reino.
―Mi casa es el reino del mundo ―solía decir.
Para él y para quienes en buena fe le frecuentamos, supimos que así lo sentía.
Se habrá marchado para siempre con él aquel estrado que fuese escalón, cajón de fruta invertido o simplemente piso, servía lo mismo para dejar en buen sitio con un discurso brillante, el pueblo que tanto amó.
Una pena, Juancito, aquel paisano ambicioso que vino a visitarte solo para ver el modo en que viviría su hija, o aquella criollita impaciente que no te supo esperar y partieron negándote una descendencia que siempre anhelaste y no para perpetuarte, solo para que un hijo tuviese un padre como el que cayó en suerte, que atravesó medio mundo para traerte con él, cuando lo necesitaste.
Hoy aquel insignificante amigo que muchas veces con la barra compartió tu reino te recuerda con una palabra que no cree nada poco, Juancito, te recuerda “AMIGO”.
Escritores Floridenses: «Elegía a alguien que supo ser amigo» – Antonio Lissio
