• 29 de junio de 2022

Heraclio Labandera: El obsequio de la conducción de izquierda a la Coalición Republicana

Dic 18, 2021

El referéndum para dejar sin efecto la vigencia de 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) promovido por la actual conducción del PIT-CNT y del Frente Amplio, constituye un enorme favor político que el comando de la izquierda oficial le obsequió a la naciente Coalición Republicana.

Una vez conocido que la consulta sería convocada para el 27 de marzo de 2022, un alicaído sector de la política nacional agrupado tras la binaria grifa del PIT-CNT y el Frente Amplio cobró un repentino brío al encontrar una renovada justificación para la gimnasia militante.

Después de mucho tiempo, a la empresa de izquierda le volvió el alma al cuerpo y pudo festejar algún logro -la obtención de las firmas para habilitar el referéndum- luego de pasar por dos años de reiterados desaciertos políticos, reveladores de la falta de conducción y una pérdida de su proverbial sentido estratégico.

El logro permitió que la actual conducción de un Frente Amplio desacertado y catatónico desde los inicios del actual Gobierno, se transformara nuevamente en una máquina militante, aunque esta vez fogoneada por una desflorada narrativa que hizo lo que creyó imperioso para sortear el vacío impuesto tras el ocaso de sus lideres históricos.

Pero la contracara de ese resultado fue que saliese «del armario» la relación concubinaria entre el PIT-CNT y el Frente Amplio, con el consecuente asalto del pitcenetista Fernando Pereira de la agotada conducción frenteamplista, al mejor estilo de unos Apaches apoderándose de una diligencia en el Viejo Oeste.

Cooptada la conducción política del Frente Amplio por esta dirigencia de mentalidad clasista y acostumbrada a choques apocalípticos, este modesto remedo del Asalto al Palacio de Invierno tuvo una inesperada consecuenca que benefició al instrumento de los que ellos creen como sus enemigos de clase.

La necesidad de construir escenarios basados en la confrontación, sin proponérselo otorgó al otro «polo dialéctivo» -en este caso, la Coalción Repubicana- la oportunidad histórica de consolidar su unión.

A dos años de instalada en el poder, diversos operadores han especulado en cada ocasión que pudieron sobre la falta de consistencia de la Coalición Republicana que gobierna al país bajo la conducción de Luis Lacalle Pou, y para ellos cualquier mínima disidencia resultó útil para abonar la teoría del cisma, la ruptura y la división.

Un ejemplo de ello bien podría ser la lectura hecha del reciente incidente con Cabildo Abierto, que impulsó con el Frente Amplio modificaciones a la Ley Forestal, y que finalmente fue vetado por el Gobierno.

De un lado, no se ahorraron profetizar la llegada del Armagedón, y del otro reinó preocupación entre los que creen que debe primar la unidad por sobre la unión.

Muchos interesados alterados por el perfilismo cabildante, que no ha sido el único sector en hacerlo evidente desde el 1o. de marzo de 2020 a la fecha.

Sabido es que el bautismo de esta original modalidad política de Gobierno surgido en 2019 a la vida política nacional, rompió la tradicional fórmula de gobierno de partidos-en-coalición, para sustituirla por la de coalición-de-partidos.

Algo tan disruptivo como en su momento de seguro fue la instalación del Colegiado en un país presidencialista, a comienzos del siglo XX, pero preservando la naturaleza individual de la conducción guberativa, y que por añadidura recreó de un modo peculiar las virtudes de la «Ley de Lemas», que permite acumuar electoralmente con diferentes sectores políticos.

Tan novedosa fue la idea que a muchos tirios y troyanos les ganó la duda sobre la durabilidad del proyecto, puesto prestamente a prueba tras el prematuro retiro del ex-líder de Ciudadanos, Ernesto Talvi, a poco del inicio de su gestión.

Y aún se especula sobre la duración de la Coalición Republicana, que para algunos es sólida, mientras otros esperan que se desfribre a medida que los perfilismos rumbo a 2024 se impongan por sobre el proyecto en común.

Pero este desafío del referéndum se está volviendo una oportunidad.

Lo que comenzó como un proyecto de poder con visos políticos, tan novedoso como potencialmente frágil, encontró una simiente en la defensa doctrinal de una ley que contiene los principios axiales que explica de modo conceptual la unión de cinco partidos diferentes.

Pretendiendo lo inverso, con su cuestionamiento de la LUC la conducción de izquierda que apoya el SI vino al asalto de los cambios que la ciudadanía votó en 2019, y obligó a los referentes de la Coalición Republicana a recordar los principios que los mantenía unidos.

En virtud de la campaña del referéndum, con el apoyo a la boleta del NO derogo la Coalición Repubicana está tomando una noción más cabal de la unión de que es tributaria.

Ya no los une el temor al continuismo frenteamplista, como podría aducirse desde una perspectiva electoral, sino ideas que alínean a los socios tras un mismo programa político.

Está claro que la LUC no contiene todo el ideario que de modo potencial anida en la Coalición Republicana, y hasta existen ruidos puntuales por las disidencias entre los socios, pero canjear el ejercicio de la protesta coyuntural por poder pasearse por una trinchera abierta en defensa de una agenda común, tiene el mágico efecto de volver épicos los objetivos más profanos.

Una historia conjunta y una épica en común es lo que demanda cualquier proyecto político que aspire a sostenerse en el tiempo.

La historia conjunta -que todo indica, goza de muy buena salud- dependerá de la voluntad de cada cacique por permanecer en el espacio político común.

Y la épica devendrá del caracter con el que la indiada de las distintas tribus de la Coalición, enfrenten la sórdida campaña del comando por el SI.

El plebiscito está a la vista, pero Lacalle ya debiera agradecerles.

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