• 28 de junio de 2022

Heraclio Labandera: El problema del FA con Graciela Bianchi

Feb 15, 2022

«No hay peor cuña que la del mismo palo», dice un refrán de la sabiduría paisana, y quizás por ello es que la izquierda la haya tomado con especial bronca y de manera orgánica la eligiese como diana de tiro y le envíe golpes a diestra y siniestra, sin siquiera sospechar el enorme favor que le están haciendo.

Una izquierda increíblemente torpe resolvió salir a pegarle sin descanso, cada vez que Graciela Bianchi abre la boca para opinar sobre las inconductas del frenteamplismo, agigantantando con ello la figura de una combatiente que muchas veces parece marchar en solitario por el campo de batalla.

Se ve que es una estrategia bien planificada por el Partido Nacional, en la que el Frente Amplio está pisando la trampa.

Ha pasado con cada salida frenteamplista para defender la postura del SI, en el referédum del 27 de marzo, ante los que la legisladora no demoró en mostrar la pobreza argumental de quienes quieren boicotear la voluntad popular del comicio de 2019.

Poco acostumbrados a que les pegue audaces cachetadas de manera atrevida alguien que pasó por sus fias, el Frente Amplio no tiene mejor idea que castigar con dureza inusitada a una mujer a la que tomó como objeto de un persistente bullying institucional.

Y lo hace con un increíble placer masoquista.

Tanto es así, que el nuevo presidente frenteamplista, el ex-dirigente sindical Fernando Pereira, en un reciente programa televisivo salió a cuestionarla por criticar a la Justicia, y optó por castigarla sin pensar en las vergonzosas consecuencias de los inocentes argumentos que utilizó.

Que no resisten el menor archivo, quedó más que demostrado.

Con una pose que estuvo más cerca del «marichulismo» que de la cortesía, Fernando Pereira quiso aislar a Graciela Bianchi del pensamiento del Partido Nacional, exigiendo con su proverbial autoridad moral en materia de dichos, saber si sus opiniones comprometían a la colectividad de Manuel Oribe, o eran solo opiniones individuales de la legisladora.

De seguro que pensó contar con la complicidad de ese feminismo tuerto que solo ve «mujeres castigadas» entre aquéllas que puedan ser útiles a la narrativa de la izquierda del espectro político, y nunca esperó que un periodista en el mismo programa le recordara todas las veces que el Frente Amplio salió a golpear al Poder Judicial cuando éste amenazó sus intereses.

«Yo quiero saber la verdad, pero en la Justicia no creo un carajo», le recordaron que dijo Mujica en 2009 con su habitual elegancia, sin dejarle otra salida al pobre de Pereira que salir del paso diciendo que él nunca refrendaría «todos los dichos de cualquier frenteamplista».

Está claro que éste, precisamente, no era «cualquier frenteamplista», y que en mateira de expresiones frenteamplistas contra la Justicia hubo cola de legisladores de izquierda que se anotaron para cuestionarla y hasta declaraciones contra ésta del propio partido Frente Amplio de variopinta estirpe.

Pero esta penosa anécdota que no le hizo ningún favor a Pereira, no es lo que importa en este caso, sino encontrar la verdadera explicación del problema que el Frente Amplio tiene con Graciala Bianchi.

El verdadero problema es que ella vino del desierto frenteamplista.

No tienen que explicarle nada.

Ella conoce al dedillo la mecánica de la militancia frentista, el pensamiento dialéctico de la izquierda, y los malos tratos políticos con que domestica el Frente Amplio, por haber sido una fuerza en la que militó con furia y ganas durante varias décadas, y abandonó luego de graves desiluciones.

Una fuerza política que siempre enfrentó a sus adversarios con dureza de lenguaje, que fue dura de boca, y que por años hizo culto de la confrontación contra lo que sea, ahora de golpe se muestra escandalizada por las respuestas que recibe de Graciela Bianchi.

«El muerto se asusta del desgollado», diría el paisano.

El tema central es que con ella en la vereda de enfrente, el Frente Amplio no puede ocultar las verdaderas intenciones en cada una de sus movidas políticas, y lo que es más grave, su voz les mueve la platea cautiva de la que usaron y abusaron durante décadas.

Los dichos de Graciela Bianchi amenazan con despertar del sueño de la Caverna, a esos muchos ciudadanos de bien que están atrapados por tradición en la maraña del frenteamplismo y que en alguna curva de la vida, se pueden marchar.

Si Graciela Bianchi salió de la Caverna ¿por qué no podré hacerlo yo?, dirá más de uno.

Por eso quieren descalificarla, desacreditarla, cuestionarla y perseguirla en materia política, y necesitan hacerle bullying militante con gente que ya no se acuerda de Líber Seregni, y a la tarea acuden dirigentes de ese FA con amnesia, y trolls mercenarios que medran en las redes.

El problema del FA con Graciela Bianchi es que se les volvió una persona peligrosa.

Demasiado peligrosa.

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