Diversas actividades de carácter social y religioso se desarrollaron el pasado fin de semana en Florida con la presencia del sacerdote Juan Andrés “Gordo” Verde y el movimiento Cireneos. Redacción de Cambios
El grupo llevó adelante acciones desde el viernes hasta el domingo, instalándose en la casa de las Hermanas Misioneras de la Caridad y participando inicialmente en la Misa Criolla de la fiesta tradicionalista.
En el plano social, una de las intervenciones destacadas fue en barrio Pintado, donde se realizaron trabajos en la Escuela N° 64, incluyendo la pintura de su fachada exterior, evidenciando una mejora significativa en la infraestructura del centro educativo. También se desarrollaron actividades en la comunidad y visitas al Hogar de Ancianos, con la participación de cerca de 80 jóvenes.
Cireneos es una organización sin fines de lucro fundada en 2017, orientada a brindar apoyo a familias en situación de vulnerabilidad a través de programas vinculados a vivienda, educación y acompañamiento espiritual en distintos puntos del país.
En el ámbito religioso, el Padre Verde celebró Misas en la Catedral y en la Parroquia San José, donde además impulsó espacios de reflexión en el marco de la Adoración Eucarística.
Durante la homilía, centrada en el Evangelio, el sacerdote profundizó en la enseñanza de Jesús como camino, verdad y vida, deteniéndose especialmente en el sentido de la verdad en el mundo actual. En su reflexión, planteó que hoy predomina una mirada donde todo parece relativo, donde muchas veces no hay certezas claras y cada persona construye su propia visión.
Frente a esa realidad, invitó a los presentes a redescubrir que, para el cristiano, la verdad no es una idea abstracta ni cambiante, sino que tiene un rostro concreto en Jesucristo. En ese sentido, llamó a vivir la Fe no solo como una creencia, sino como una guía real para la vida cotidiana, capaz de orientar decisiones, dar sentido y sostener en momentos de dificultad.
El mensaje apuntó a tocar de cerca a los fieles, invitándolos a volver a lo simple pero esencial del Evangelio, y a reencontrarse con Cristo de una manera más personal, como alguien presente en la vida diaria y no solo en lo religioso.






