• 28 de junio de 2022

Mons. Martín: UN CAMINO PARA LA FE

Mar 15, 2022

En el segundo Domingo de Cuaresma Mons. Martín celebró la Eucaristía en la Catedral. La homilía comentó el pasaje del evangelio de la Lucas sobre la Transfiguración de Jesús ante Pedro, Santiago y Juan.

La Cuaresma es un camino hacia la Pascua, a la que queremos llegar con la fe renovada, el corazón convertido y en comunión con Dios.

El Domingo anterior -recordaba el Obispo – la pregunta que nos hacíamos era ¿por dónde soy tentado? y puede ser en los comentarios que no suman, sólo destruyen o en la soberbia o el egoísmo. Es una pregunta personal para seguir formulándola. Identificar las tentaciones es el inicio de luchar contra ellas, «son obstáculos a descartar porque nos impiden estar plenamente en Dios. Para vencer la tentación la renuncia y el sacrificio son necesarios. Estas palabras no las inventó la Iglesia. El trabajo, las responsabilidades, las situaciones diarias nos llevan a renuncias y sacrificios. Pero la diferencia del cristiano es renuncia y se sacrifica desde el amor y en libertad. Ese es el sentido cristiano de renunciar y sacrificar, en el camino de la vida haciéndome cargo de las consecuencias de mis opciones.»

La Cuaresma nos recuerda que la cruz va de la mano de la experiencia personal del encuentro con Jesús. Sin él no podemos cargar la cruz con sentido. Esto quiere mostrar a sus discípulos Jesús en la Transfiguración. En medio de la incertidumbre y el temor de la subida a Jerusalén para la muerte, Jesús es ratificado por el Padre como el Mesías, a quien debemos escuchar.

En la contemplación de la gloria de Jesús los discípulos se llenaron de paz y alegría y desde esta experiencia podrán afrontar los momentos oscuros que vienen por delante.

Llegado a este punto Mons. Martín nos pregunta si vamos a la fuente de vida que es Jesús para que nuestra cruz tenga sentido, qué tengo que cambiar para tener la experiencia del encuentro con El, qué espacios nuevos necesitamos generar para la oración.

Pero esta experiencia de Dios no es para que la guarde sino para comunicarla a otros. Y los cristianos tenemos que animarnos a ser valientes y explícitos en el anuncio. Lo que Jesús ha hecho en mi no lo puede hacer otra persona, ese reconocimiento me «llena de paz» y quiero comunicárselo a los demás.

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