• 25 de junio de 2022

Muñeca Martínez: Paco

Sep 4, 2021

–Perdón, guarda. ¿Seguro que es la próxima parada? –¿Dónde bajaba, señora? –Cementerio Británico. –Sí, sí. La próxima. Sí. Lo que nunca me imaginé fue que me encontraría con un parque precioso en la entrada, árboles frondosos de perfumada sombra, plantas con flores, bancos muy pintados de azul… (¿Me equivoqué? Esto es una plaza. Un cementerio ¡Qué va! ¿Dónde están los muertos?)

El sol filtraba entre las hojas de los árboles más altos formando una filigrana dorada sobre el césped recién cortadito. ¡Mi Dios! Caminando despacio, medio encandilada, vi una señora sentada en uno de los bancos azules. ¿Qué hago? ¿Me acerco? Y sí. Antes de estar sola… Todavía no es la hora. La saludé y nos pusimos a hablar. Le pregunté si estaba por el mismo sepelio que yo.

–¿Delacoste Montoro? –Sí, sí. Éramos las únicas que esperábamos. Se presentó y me dijo que era de la ciudad de Durazno, amiga de Mercedes, una de las hijas de don Julio, que vive en Europa. Luego empezamos a repasar la familia, a cuál hermano conocíamos y a cuál no. Le comenté que sólo me faltaba conocer a uno, a Paco, el más chico del primer matrimonio de don Julio, también conocí a Yuli, la más pequeña de la segunda pareja que vive en Egipto, los otros, todos en Suiza.

–Mi amiga Magdalena y Álvaro viven acá, en Uruguay. –No sé si sólo te falta conocer a Paco porque también está Sara –me comentó la señora (que, a esta altura ya casi éramos como viejas amigas). –¿Sara? –repetí un poco extrañada. Me quedé pensando: tienen tantos nombres cada uno. Mi amiga tiene tres nombres, Álvaro, cuatro, que, por ahí, tal vez Mercedes o Yuli también se llamen Sara. Cortamos la charla porque se acercaba el cortejo. Saludé a todos. Primero a mi amiga, luego a Gloria, su actual esposa, y a cada uno de los chicos, Alejandro y su pareja, Mercedes, su hijo Eduardo, Yuli, la más pequeña, con la cajita conteniendo las cenizas de su padre en sus brazos.

Caminando al lado de mi amiga iba una chica alta, muy elegante, muy europea. –Qué linda tu amiga –le dije a Magda casi en secreto– No la conozco. Pero, orientame un poquito, no pude ubicar a Paco. Es el que no conozco y quiero saludarlo. –¡Ay, claro! ¿Cómo no me di cuenta? Te presento a mi hermana Sara. –Y bajando la voz apenas susurró– antes ‘Paco C.

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