• 1 de diciembre de 2022

No hacerle el juego a las provocaciones del FA

Sep 25, 2021

El 19 de setiembre de 1836 pasó a la historia nacional como la fecha del primer enfrentamiento entre las divisas blanca y colorada, en la Batalla de Carpintería, ocurrida en campos del actual Departamento de Durazno. Y ese episodio fue adoptado como fecha fundacional por el Partido Colorado, debido a que las fuerzas comandadas por el general Fructuoso Rivera usaron por primera vez sus vinchas coloradas, para distinguirse de las fuerzas leales al gobierno del general Manuel Oribe, que usaban vinchas blancas con la consigna de defender la Ley. De hecho, se entiende que la fundación del Partido Nacional data del 10 de agosto de 1836, cuando el presidente Oribe firmó un decreto disponiendo que en su gobierno los funcionarios públicos y los soldados de línea debieran usar una divisa blanca con la inscripción «Defensores de las Leyes». Es de desde ese origen que tomamos el nombre de blancos. A partir de la victoria gubernista en los campos de Carpintería se iniciarían una sucesión de trágicos enfrentamientos armados que llegaron hasta principios del siglo XX, forjando el carácter y la impronta de ambos partidos fundacionales.

Lo que nació como diferencias entre los caudillismos de Oribe y de Rivera, cobró luego forma ideológica durante la Guerra Grande cuando el país y su gente vivieron fragmentados por casi una década y conformó la matriz de cada una de las divisas y sus colectividades. Pero aquella huella fraguada con sangre oriental durante los enfrentamientos civiles, con el paso del tiempo fue cauterizando la herida con el aprendizaje de cómo debía defenderse la Libertad y construirse una República que nos abarcara a todos. Venimos de raíces diferentes, si, pero la historia nos enseñó a caminar juntos para construir el gran tronco de la Nación. Venimos de las diferencias, pero sembramos un sueño en común para el país, y aprendimos a cimentar el sistema democrático que nos singulariza. Hoy aquellos dos partidos fundacionales comparten el gobierno que conduce Luis Lacalle Pou con éxito, junto a otros tres partidos políticos más en el seno de una Coalición Republicana que, a todas luces, llegó para quedarse. Esta reflexión debe aportar la madurez necesaria para no olvidar el tiempo histórico que recorre la República. Eso ya lo comprenden los adversarios que, expertos en destruir, a diario buscan cualquier diferencia para atizar la desunión de quiénes los desplazaron luego de 15 años de régimen frenteamplista. Y en ese menú destructivo echan mano a cualquier imagen que pueda provocar la eventual ruptura de la Coalición Republicana.

Pero se olvidan que ellos, lamentablemente son una caricatura de la política, con una perspectiva caricaturesca del país y de su pasado. Podrán vivir «del relato» para describir a quiénes ellos consideran «buenos» y «malos», pero son incapaces de comprender el auténtico pasado nacional. Necesitaron inventarse una farsa para darse esa pátina de santidad y del puritanismo político de que hacen gala, tanto como para que un connotado dirigente frenteamplista lanzaran la espuria idea de que «si es de izquierda, no es corrupto, y si es corrupto, no es de izquierda». Pocas consignas muestras con tanta claridad cuanto de supremacismo moral sobre los demás los alimenta, cuanta pedantería ideológica insufla a algunos dirigentes del FA en su discurso, y cuanta superioridad elitista practican para sentirse mejores que el común de los mortales. Y es de esa petulancia moral que nace la mentira que ofrecen al mundo como salvadora. Es de esa visión maniquea y oscura que nacen las dialécticas para demonizar a todo lo que no provenga de ellos. Es penoso y profundamente desesperanzador que así sean. Pero lo lamentamos.

Ese no es nuestro camino. Esa no es la meta de los Blancos Coronilla. No trabajamos para destruir. No conspiramos por instalar un régimen. No somos cómplices de la esclavitud ideológica. No queremos hacer que la miseria sea grilletes de la gente. Trabajamos por la felicidad del pueblo y por el bienestar de la Patria. Por eso somos nosotros los que hoy también debemos comprender la importancia de esa herramienta llamada Coalición Republicana. Una herramienta que -como se dijo- llegó para quedarse. Que se enteren.

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