Nora García: El linyera

May 27, 2022

Recuerdo que de niña, por el camino que me llevaba a la casa de mi abuelo, veía al linyera.
Era un personaje mudo, del color del polvo del camino, que tenía un andar cansino. No miraba su entorno, no tenía apuros, no tenía reloj, no tenía “tiempos” …
Parecía que ni tocaba el piso, que se desplazaba en una nube de polvo por los caminos de entonces, con el largo palo al hombro del que pendía un atado como toda su posesión.
Llevaba grandes zapatos deformados por el tiempo. No hacía ruido, no tenía voz. Su piel del color del polvo y su pelo largo y enredado, porque era un “hombre sin espejo”.
Me impresionaban esos seres casi humanos. Y entonces venían las infaltables preguntas y los innumerables cuentos. Todos muy llenos de misterios, como las tantas formas de llamarlos: “Caminantes”, “Andantes”,” Hombre de la bolsa”.
Muchos les temían, porque hablaban solos y conversaban con la luna.
Tenían sus historias, pero nunca las contaban.
Muchos les temían. No se acercaban a las casas. Esperaban lejos una señal de hospitalidad que traía con ella un plato de comida y el permiso para pasar la noche al abrigo del árbol, o en el galpón lejos de la casa.
Siempre lejos.
Nadie les hablaba, era como que no tenían palabras. Era dos mundos paralelos que apenas se aproximaban pero que nunca se tocaban.
Casi todos les temían, y además eran el “cuco” para los niños: “Si te portás mal, te lleva el Hombre de la Bolsa”.
Y con él también viajaban los perros. Tan flacos como él, tan callados y fuera del mundo como él. Creo que ni ladraban. Eran perros de linyera.
¡Ah! Y también iban los tarros hechos con las latas de aceite con un asa de alambre, que eran el recipiente donde calentaban agua.
Era el único sonido que emitían. Los linyeras sonaban como una lata golpeteada en el camino al ritmo lento de su paso.
Eran hombres con un mundo propio con significados nuevos.
Seguramente venían de una vida anterior con una familia y una época en el mundo compartido. Muchos de ellos habían pertenecido a familias, incluso ricas, en que la locura les robó al hijo o al hermano.
He visto con el tiempo progresar la siquiatría y sé que “he matado” a muchos linyeras.

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