Septiembre, mes del grandísimo libro: «La Biblia»

¡Querido lector, qué hermoso mes para escribir sobre este maravilloso libro!

Cuando hablamos de la Biblia, no estamos hablando de un «libro» cualquiera, sino de El Libro por excelencia. Estoy hablando del único libro en la historia de la humanidad que tiene autoridad para decirnos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos. «Biblia» deriva del término griego biblos («libros»), y se refiere al Antiguo Testamento y al Nuevo Testamento. Los 39 libros del AT y los 27 del NT forman el «canon» de las Sagradas Escrituras. «Canon» significaba originalmente «caña», y pasó a significar regla o vara para medir. En este sentido, la Biblia es la regla o patrón de autoridad para los cristianos. El concepto de «canon» y el proceso de «canonización» se refieren al momento en que los libros obtuvieron la condición de «Sagradas Escrituras», los patrones de autoridad para la fe y la práctica.
En un programa radiofónico, una persona argumentó con toda seriedad: «Yo no creo en la Biblia porque la Biblia la escribió una mujer». Asombrado por semejante declaración, el presentador le preguntó de dónde había sacado que la Biblia había sido escrita por una mujer. El incrédulo, que dejó claro que no profundizó más allá de la portada o la primera hoja, sin inmutarse, respondió que la Biblia la había escrito una señora llamada «Reina Valera». ¡Ja, ja, ja!
Querido lector, si en algún momento de su vida hizo una mínima y superficial búsqueda de «Reina Valera», usted tampoco pudo evitar reírse con la afirmación de esta persona. Estoy convencido de que no saber algo no está mal; de hecho, en cierta forma, todos somos ignorantes de algo. Quizás lo que sí está mal es hacer afirmaciones sin haber realizado una mínima investigación. Querido lector, a lo mejor alguna vez se ha preguntado: ¿por qué la Biblia es la Palabra de Dios? Y una de las respuestas podría ser: porque la ciencia la confirma. Aquí van algunos ejemplos: La Biblia se refirió a la suspensión de la Tierra en el espacio, en un momento en que se creía que la Tierra descansaba sobre un gran animal o un gigante (hacia 1500 a. C.): «Él… cuelga la tierra sobre nada» (Job 26:7). La ciencia no descubrió que la Tierra estaba colgada sobre nada hasta 1650. La Biblia dice que la Tierra es redonda: «Él está sentado sobre el círculo de la tierra» (Isaías 40:22). La palabra traducida aquí como «círculo» es la palabra hebrea jog, que también se traduce como «órbita» o «circunferencia» (según el contexto). Es decir, indica algo esférico, redondeado o abovedado, no algo plano o cuadrado. El libro de Isaías fue escrito entre los años 740 y 680 a. C. Esto es unos 300 años antes de que Aristóteles sugiriera, en su libro El Cielo, que la Tierra podría ser una esfera. El ciclo hidrológico: «Los ríos van todos al mar, pero el mar nunca se llena; y vuelven los ríos a su origen para recorrer el mismo camino» (Eclesiastés 1:7). La idea de un ciclo completo del agua no fue aceptada hasta los siglos XVI y XVII. Pero más de dos mil años antes de su «descubrimiento», las Escrituras ya indicaban el ciclo hidrológico. Así, de esta forma, podría proporcionar muchas más evidencias científicas que avalan este hermoso libro conocido como Biblia. Aquí comparto algunos ejemplos de hombres de ciencia que tenían su fe puesta en el Dios de la Biblia. Isaac Newton (1642-1727) consideró a sus escritos teológicos más importantes que sus escritos científicos. Dijo: “Hay un Ser que hizo todas las cosas, que tiene todas las cosas en su poder, y por lo tanto es de temer”. También escribió: “Todas las cosas materiales parecen haber sido formadas con base en las partículas duras y sólidas antes mencionadas, diversamente asociadas en la primitiva creación por consejo de un Agente inteligente, pues le corresponde ordenarlas a Aquél que las creó. Habiéndolo hecho así, no es filosófico buscarle otro origen al mundo o pretender que podría haber surgido del caos por las meras leyes de la naturaleza”.
Joseph Lister (1827-1912) estableció los métodos quirúrgicos antisépticos. Las contribuciones de Lister a la medicina han conducido probablemente a que más vidas fueran salvadas por medio de la medicina moderna que las contribuciones de cualquier otra persona, excepto de Pasteur. Al igual que Louis Pasteur, Lister era cristiano. Él escribió: “Soy un creyente en las doctrinas fundamentales del cristianismo”.
Sir John Frederick Herschel, un astrónomo inglés que descubrió más de quinientas estrellas, declaró: “Todos los descubrimientos humanos parecen estar hechos con el solo propósito de confirmar cada vez con más fuerza las verdades que vienen de lo alto y están contenidas en las Sagradas Escrituras”.
Su padre, Sir William Herschel, también un astrónomo de renombre, con razón, insistió: “El astrónomo impío debe estar loco”. Arthur H. Compton
“La ciencia es el destello del propósito de Dios en la naturaleza. La existencia misma del maravilloso mundo de los átomos y la radiación apuntan a una creación intencionada, a la idea de que hay un Dios y un propósito inteligente en el centro de todo… Un universo ordenado da testimonio de la mayor declaración que jamás se haya pronunciado: ‘En el principio, creó Dios…’” Arthur H. Compton, ganador del Premio Nobel de Física. Querido lector, si me permite darle un consejo, le quiero decir que, si aún no ha entregado su vida a Jesucristo, no pierda tiempo. Consiga una Biblia y empiece a leerla; y con seguridad, su vida cambiará.
Muchas gracias, querido lector, por su tiempo.
Rodrigo Petrucci

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