• 25 de septiembre de 2022

Sergio Pérez D’Auria: Los olores de mi casa

May 22, 2021

En Escritores Floridenses de hoy, decidimos colocar dos escritos de Sergio. Esta es nuestra forma de homenajearlo a
tres días de su partida. De igual manera siempre estarás entre nosotros.

Apenas traspasé el zaguán, en lugar del conocido olorcito «a casa», a mi casa, me esperaba otro, el desagradable olor del repollo hervido. Era un manjar para mamá… Una vez me había invitado a probarlo y me puso un pedacito en la boca. La verdad que no era tan feo, pero igual no me gustó porque era algo «para grandes» (como el vino o la caña que tomaba papá a veces, o como acostarse tarde). Los chicos jugábamos, y comíamos cosas ricas y con rico olor, como las milanesas por ejemplo… Tiré la túnica y la cartera sobre un sillón y me fui a lavar las manos antes que me mandaran a hacerlo. Tuve la precaución de mojarme un poco el pelo como me enseñó papá, para que, según él, se notara que había pasado por el baño. Eran cosas que no costaban nada, sobre todo en verano, pero había otras que no me explicaba, aunque las cumpliera. Como cuando venía gente de visita, tías y eso, y tenía que dejarme dar un beso aunque olieran a viejo y después quedarme callado escuchando lo que hablaban, sin poder preguntar cosas que se me ocurrían cuando no me mandaban a jugar a otro lado… Volví a la cocina comedor y, justamente, adivinen… ¡Ina, nuestra abuela materna, que vivía con nosotros, estaba picando milanesas! Lo hacía ante la atenta mirada de mis dos hermanos que ya estaban sentados a la mesa. Las picaba chiquitas, tan chiquitas que creo que no se había dado cuenta que nosotros habíamos crecido y podíamos comerlas con nuestros propios dientes. El olor del repollo desapareció de mi mundo como por encanto. Ina era la abuela más buena del mundo, aunque papá dijera que «nos malenseñaba». Siempre vestía de negro, decía que era por el abuelo Benedicto, que se había ido al Cielo. Sería por eso que ella iba tan seguido a la iglesia, hacia donde marchaba casi todos los días, con su paso chiquito y la mantilla guardada en la cartera, dejando tras de sí el rico olorcito del agua de colonia…

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