Jugar a los soldaditos

Un octubre constreñido por la pandemia fue el marco conceptual en el que la izquierda violentista desarrolló la conmemoración de la llamada «toma de Pando», acción insurreccional protagonizada por el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) el 8 de octubre de 1969.

Ese episodio ocupa un lugar central en la liturgia tupamara, a pesar del fracaso que Jorge Zabalza reconoció su libro del 2015.

«La seguidilla de operaciones exitosas desde el punto de vista militar se interrumpió el 8 de octubre de 1969», escribió en su opus «La experiencia tupamara».

«A dos años del asesinato del Che Guevara, varias columnas del MLN-T lograron tomar puntos clave en la ciudad de Pando, ubicada a poco más de 30 kilómetros del centro de Montevideo. La clonación permitió cambiar el mensaje político de la guerrilla», intentando controlar un territorio, aunque fuera por muy poco tiempo.

Pero la organización «sufrió un tremendo revés en la ciudad de Pando», escribió en ese libro, a pesar de que el episodio se convirtiera en una Epifanía revolucionaria para los muchos atraídos por el hecho.

En esa acción murió su hermano Ricardo, algunos años menor que él.

En más de una oportunidad Zabalza ha sido un crítico feroz del episodio.

«-¿Valió la pena esa acción (Pando, ndr), con ese saldo trágico? Han pasado muchos años y uno percibe que en usted el dolor por la muerte de su hermano no ha menguado», le consultó el periodista en una nota realizada por su libro de 2019, «La leyenda insurgente».

«-Yo estaba en el grupo que estaba preparando Pando y caímos un mes y medio antes, en julio. El grupo de mi hermano entró por nosotros. Eran unos gurises», respondió.

«-¿Le pesa?»

«-Sí, claro que sí. ¿Por qué yo estoy vivo y él no?»

«-¿Valió la pena esa acción?»

«-Pando marca el inicio de ese error que ya dije (el militarismo, ndr). Fue el inicio de nosotros pensando en transformarnos en un ejército. Fue la primera operación en la que demostramos que pensábamos que multiplicando la cantidad de grupos íbamos a triunfar. Ahí intervinieron 40 y pico de compañeros. Y pensamos que si llegábamos a ser 4.000, organizados como un ejército, podíamos tomar Montevideo».

«-Muchas veces las referencias a Pando son épicas, como si hubiera sido una aventura, casi festivas, desprovistas de todo dolor.»

-“Y después fui y me tomé una cerveza”, le contestó parafraseando a José Mujica en la pelicula hagiográfica de Kusturica. (nota de Leonardo Haberkorn, 20.01.2020).

En una entrevista concedida a un periódico digital de orientación socialista, Zabalza hizo también algunas reflexiones que pasaron bastante desapercibidas, ampliando los alcances de sus cuestionamientos.

«-Nosotros en el marco de la desviación militaristas, nos concebíamos como guerreros (combatientes) y la generación de ideas (usinas) la delegábamos en “otros”. Raúl delegaba, el Ñato (Fernández Huidobro) era el hombre de las ideas, de la elaboración de las ideas. Eso no quiere decir que no consultara», dijo.

En otro párrafo indicó una concepción derivada de la lógica de Pando, que aún hoy sigue siendo un tabú para la izquierda uruguaya, en referencia a las simpatías por el «peruanismo militar» que contaminó a importantes referentes del FA de aquella época y del MLN-T.

Esa opción explica que al momento de que se diese el golpe del 9 de febrero de 1973, la maniobra fuera saludada por el PCU y otros partidos del FA, ante la eventualidad de que Gregorio Alvarez fuera un miitar de izquierda y el FA de entonces pudiera «subirse» al carro golpista.

«-La visión de los militares en Fernández Huidobro, fue un problema político e ideológico, que empezó por la admiración a Velazco Alvarado (dictador militar de Perú, ndr) y a Torres (dictador militar de Bolivia, ndr)», indicó.

«-Es cierto que Velazco hizo cosas positivas (…) pero (Fernández Huidobro) pasó de esa admiración, a interpretar que ese era un fenómeno general y que en el Uruguay existía la posibilidad de que hubieran militares nacionalistas capaces de impulsar un desarrollo económico independiente. Eso lo escribió en un documento -el “documento 5”, del que se apropió la Policía- en el que sostiene que el ejército uruguayo puede ser la fuerza vertebral del desarrollo del país. (…) Desde esa afirmación se podía inferir que dentro del MLN había quienes pensaban y apostaban al peruanismo militar. De eso caí en la cuenta mucho después … a veces uno fue un poco tonto”.

Y en otro párrafo añadió:

«-Fernández Huidobro era el ideólogo de la visión nacionalista; Mujica, Huidobro y Melian estuvieron como tres años juntos en la celda, en Punta Carretas; ahí era la usina del peronismo en el MLN, admiradores de Perón y del viejo Herrera;, ¡justo a mi me venían a hablar bien de Herrera!; yo que me había peleado con mi padre justamente por eso, no podía creerlo”. (periódico digital «Claridad»; http://periodicoclaridad.com/sitio/index.php/cat-nacional/209-zabalza-un-nuevo-libro-entre-apostasias-y-malinches-la-memoria-insurgente-de-un-tupa-que-no-se-ablanda)  

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