El Jordán y el Mar Muerto

May 9, 2022

Siguiendo las lecturas del día de ayer, sobre el buen pastor, comento sobre una linda historia que escuché la primera vez que ayude en un retiro del Cursillo de Cristiandad en Florida y que decía así:

El río Jordán corre hacia el sur, hacia otro mar, y alimenta una gran parte de la tierra con sus afluentes y arroyos. Hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.

La gente hace sus construcciones cerca del Jordán porque está lleno de vida. Gran cantidad y variedad de peces viven allí. Incluso Jesús se bautizó en el Jordán, Jesús caminó sobre las aguas del río Jordán.
El río Jordán es alimentado por el mar de Galilea, al igual que el mar muerto.

En el mar muerto prácticamente no hay vida, si uno se tira en el agua flota, por la gran densidad de sal que hay. No hay construcciones, no hay árboles, no hay niños jugando, no hay hermosas plantas, Dios allí no realizó ningún milagro.

Es curioso ver como los dos están alimentados por el mismo río (Mar de Galilea) pero a su vez hay grandes diferencias. Es que el río Jordán se da enteramente a todo lo que lo rodea, este río tiene raíces por todos lados, recibe y se da enteramente. El mar muerto tiene su agua empozada, todo lo que recibe queda en el mismo lugar, no se dona, no se entrega con grandes raíces y afluentes, solo acumula y nadie quiere vivir al lado de él.

¿A dónde quiero llegar? En que hay más alegría en dar que en recibir. Y que ciertamente es un peligro muy grande quedarse en la zona de confort. No solo es un peligro para nosotros mismos, querido lector, también un peligro para todos los demás, ya que nacemos y con responsabilidades. ¿Qué pasaría si el buen pastor se queda en casa y no cuida del rebaño? Los lobos se las comen… En el caso de Uruguay, serían los perros, no existen los lobos por aquí… ¿Quién es pastor? Todos. Y no exclusivamente el que tiene evidentemente un cargo, sino todo el que influye en el otro.

En una ocasión me dijeron: “¡Qué importante es amar!” y por ahí respondieron: “¡y dejarse amar!”

Podemos hablar de muchísimas cosas sobre esto, querido lector, pero nos quedamos con lo principal: No quedarse atrincherado, no acomodarme tranquilo con mis cosas, mis proyectos, mis planes, ayudar a lo que precise mi Parroquia, mi Diócesis, ayudar a todo lo que me pide Dios, (y que muchas veces esquivamos o nos hacemos los sordos), el hacer uso de nuestras facultades que gracias a Dios nos ha regalado, de desgastarnos de tal manera que el día que muramos lleguemos a la vida eterna y con las manos llenas y no vacías.

Esto se llama amor.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” Lucas 6:38

Y no exclusivamente hacer caridad en lo económico, (que muchas veces es lo más fácil) también el tiempo, el sacrificio, la paciencia, la gran mayoría de las veces tiene más mérito que lo económico.

¡Y cuánto nos falta para ser una Iglesia más activa! Una Iglesia que realmente funcione como hospital de pecadores y no un museo de santos, una Iglesia que tiene “olor a oveja” de salir por las calles buscando gente nueva, gente que busca a Dios. Una Iglesia que tenga fuertes convicciones, seguros de nuestro Credo, y no de andar confundiendo a la gente diciendo que se puede dudar del Catecismo como lo dijo un Cardenal.

Incluso amar, también es corregir. Si esto no fuera así, Dios no amaba a ningún Fariseo, pero en el fondo les reprochaba su pecado, para que se conviertan, para que abran los ojos.

De esta manera nuestra vida sera cada vez mas un Jordán, lleno de vida, con Dios obrando grandes cosas en nuestro corazón.

Deja un comentario...