• 27 de noviembre de 2022

José Luis Llugain: En la antesala

Oct 2, 2021

Hasta el martes pasado estaba cursando esta enfermedad en mi casa, pero, como cada vez me resultaba más difícil respirar, decidieron internarme en este sanatorio. Es un lugar limpio, pero acá estoy contra mi voluntad pues se dice que, por más higiene que haya, es en estos lugares donde uno más se contagia con todo tipo de infecciones que solo agravan la situación sanitaria de la persona internada.

Me siento incómodo, el miedo se apodera de mí. Si bien no me siento peor que en mi casa, aquí nada es color de rosa, me paso todo el tiempo con una fastidiosa mascarilla de oxígeno que limita mis movimientos; además, me han separado de mi familia, me siento solo y aislado del mundo. Este sentimiento de soledad me hace mucho mal, con ella de compañera no me resultará fácil zafar de este hoyo. Y eso no es todo, estoy muy estresado con lo que pasa aquí adentro.

Mi compañero de habitación se pasa quejando, es muy demandante, trato de calmarlo, pero sin éxito. Afuera se escuchan gritos de gente que corre de un lado para el otro, cosas que se caen al suelo… ¡Está muy espeso el ambiente! Esto parece ser el Infierno de Dante o, al menos, su antesala. Temo que en cualquier momento aparezca Caronte en la puerta de la habitación buscando pasajeros para su próximo viaje.

Espero que él no venga por mí -al menos por ahora-. Todavía tengo muchas cosas por hacer y necesito tiempo para completarlas. Amo la vida y no quiero que ella me abandone. Quiero irme para mi casa, añoro mi familia, mi termo y mate, mis libros… ¡mi mundo! Allí es mucho más probable que me recupere. ¡Sáquenme de aquí, por favor! Este lugar estará sanitizado, pero me siento como en una jaula llena de cables, aparatejos y gente extraña. Si debo seguir confinado, prefiero que sea en mi casa. Nada mejor que estar ahí, mi pequeño paraíso, donde en paz y rodeado de mis cosas y mis seres queridos esperaré con menos ansiedad y angustia hasta que esto pase.

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