Martha Oguez: El velo de la enajenación

Jun 27, 2022

El pobre viejo jubilado, meditaba sentado en el banco más soleado de la plaza.
Sus pensamientos lo llevaban por caminos extraños.
Sabía de su desgraciada condición de abandono, su familia lo desechaba como trapo viejo. Solo tenía un día en el mes en que era atendido y acompañado por un pariente: el día que cobraba.
Ese día se convertía en alguien. Después quedaban solos en el banco y su indefensión.
Siempre le había gustado la política. Supo luchar ardorosamente por su candidato. Cada elección renovaba sus esperanzas. El ideal partidario lo tomaba por completo y soñaba despierto, como ahora. Ingenuo, confiado esperaba mejorar su condición; siempre su candidato era el más indicado. Su mente divagaba hasta perderse en un velo de enajenación que lo apartaba de la realidad. Después de la elección todo se aquietaba y llegaba la decepción a su banco, siempre el más soleado. Nuevamente su figura melancólica se recostaba en el verde y gris.
Pero lentamente sus esperanzas en una vida mejor renacían. Sus recuerdos tristes desaparecían, surgía un nuevo amanecer. Ya no iba mucho al comité, la artritis no lo dejaba. Pero eso sí, arengaba en la cola del cobro a todos sobre las bondades de su joven candidato:
—Esta vez sí viviremos mejor.

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