Antonio Lissio: Juan, tengo jauría
Era cuestión de honor, acompañarlo en su viaje postrero, un amigo que se me escurría como el agua entre los dedos. Infeliz de mí, fui mudo testigo de cómo las maderas de un árbol del diablo se volvieron caja, para apretado y, amordazado, llevarlo…
