Antonio Lissio: El tío Aldo
Noventa y pico debió tener al morir el tío Aldo. No era pariente mío, aunque hubiese querido que lo fuera, un tío tan pícaro y dicharachero que cualquiera desearía ser su sobrino. ¿Saben por qué? Porque jamás lo oí quejarse del reuma por más…
